
Por Carlos Hernández Alonso
Hay muchos mitos sobre los niños con altas capacidades. Mucha gente piensa que son los que siempre sacan las mejores notas o los que destacan claramente en todo. Pero en realidad, es mucho más complejo. Estos niños no solo aprenden rápido o entienden conceptos difíciles desde pequeños; también suelen ser muy sensibles, intensos emocionalmente y con una mirada muy particular sobre el mundo. Les cuesta entender por qué las cosas son como son, hacen preguntas profundas desde muy pequeños y muchas veces se sienten diferentes.
Uno de los grandes desafíos es identificarlos. A veces no se nota a simple vista. De hecho, muchos pasan completamente desapercibidos en el aula. Algunos porque no llaman la atención, otros porque tienen lo que se llama “doble excepcionalidad”: por ejemplo, pueden tener altas capacidades y a la vez dificultades como TDAH o dislexia. Eso confunde mucho, porque puede que no rindan como se espera de un niño con altas capacidades y se les etiquete como distraídos o con problemas de conducta, cuando en realidad hay mucho más detrás.
Y cuando se trata de niñas, todo se complica aún más. Muchas veces, las niñas con altas capacidades aprenden desde muy pequeñas a “camuflarse”. No quieren destacar, no quieren parecer diferentes o “raras”. Se esfuerzan por encajar, por no incomodar, por cumplir. Y eso hace que su talento pase desapercibido. Es más, por cada niña identificada con altas capacidades suele haber varios niños. No porque haya más niños con ese perfil, sino porque ellas están menos visibilizadas.
Todo esto pone sobre la mesa algo fundamental: no basta con mirar las notas. Hay que observar más allá, estar atentos a cómo piensan, cómo sienten, cómo se expresan. A veces, un niño que se aburre en clase y parece desmotivado no es que no quiera aprender, es que necesita algo distinto, algo que le rete de verdad. Y si no lo encuentra, puede acabar frustrado, apagado, incluso aislado emocionalmente.
Por eso es tan importante una detección temprana y una respuesta educativa adecuada. No se trata de acelerarles ni de exigirles más, sino de darles espacio para desarrollar su potencial sin presiones, y sobre todo, de acompañarles emocionalmente. Porque, aunque su mente vaya muy rápido, su corazón también necesita que lo entiendan, lo escuchen y lo cuiden.
Artículo extraído de Unir.net, la universidad de internet: https://www.unir.net/revista/educacion/altas-capacidades-ninos/
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